WORKSHOP 2 - INVERSIÓN ESTRATÉGICA Y SOBERANÍA
- mgarcia9626
- 25 mar
- 3 Min. de lectura
Representantes del ámbito público, financiero y tecnológico reclaman mejorar el acceso a financiación, coordinar los instrumentos europeos y apoyar todas las fases del crecimiento empresarial para fortalecer el ecosistema innovador.
El Workshop 2 del Foro Europeo de Innovación y Emprendimiento centró el debate en el papel de la inversión estratégica como elemento clave para reforzar la soberanía tecnológica, impulsar la competitividad industrial y asegurar que Europa pueda desarrollar y escalar sus propias tecnologías en un contexto internacional cada vez más competitivo. Los participantes coincidieron en que el continente dispone de instrumentos financieros relevantes, pero aún existen dificultades de acceso, falta de coordinación y carencias en determinadas fases del crecimiento empresarial.

La moderadora, María Luque, vicepresidenta de la Comisión de Innovación y Emprendimiento de AMETIC, abrió la sesión señalando uno de los principales retos del ecosistema: el acceso a la financiación sigue siendo desigual. Según explicó, muchas pymes encuentran dificultades para acceder a los programas europeos por su complejidad administrativa, mientras que las grandes empresas sí logran participar, aunque consideran que los recursos disponibles siguen siendo insuficientes para competir con otras regiones. En este sentido, defendió la necesidad de simplificar los mecanismos y hacerlos más accesibles para todo el tejido empresarial.

Por parte del Grupo Banco Europeo de Inversiones, María Romano subrayó que financiar la innovación se ha convertido en una prioridad estratégica para Europa, especialmente en ámbitos tecnológicos críticos. Destacó iniciativas como Tech EU, que prevé destinar 70.000 millones de euros entre 2025 y 2027 con el objetivo de movilizar hasta 250.000 millones de inversión en innovación tecnológica. Según explicó, el papel del BEI no se limita a aportar financiación directa, sino también a atraer inversión privada y reducir el riesgo en proyectos de alto contenido tecnológico, facilitando que puedan llegar al mercado.

Desde la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, Fernando Villamón Barranco puso el foco en la importancia de la soberanía tecnológica en el actual contexto geopolítico. Señaló que Europa no puede permitirse depender de terceros países en elementos clave del stack tecnológico, y defendió la necesidad de impulsar proyectos estratégicos mediante alianzas público-privadas, políticas industriales coordinadas y una mayor capacidad inversora. También destacó que la innovación debe considerarse una cuestión de seguridad económica y de competitividad, no solo de desarrollo tecnológico.

Como challenger de la sesión, Luis Pérez-Freire, director ejecutivo de Gradiant, recordó que el futuro del deep tech se construye desde la base científica, por lo que resulta imprescindible reforzar el papel de universidades y centros tecnológicos. Defendió modelos que combinen financiación, acompañamiento y acceso al mercado, capaces de apoyar a las empresas desde las fases más tempranas hasta su consolidación. En su opinión, Europa necesita mecanismos que no solo financien proyectos, sino que ayuden a convertir la investigación en productos y empresas capaces de competir a escala global.

Por su parte, Rocío Castrillo Cancela, directora de Emprendimiento y Estrategia en ENISA, destacó que el talento es el punto de partida de cualquier ecosistema innovador y que el capital debe llegar para acompañar ese potencial. Puso en valor instrumentos como los préstamos participativos, que permiten apoyar a startups en fases iniciales sin exigir garantías excesivas y facilitando su crecimiento. Señaló que este tipo de herramientas son fundamentales para cubrir los primeros pasos del emprendimiento y para asegurar que las ideas innovadoras no se pierdan por falta de financiación.
El debate concluyó con un mensaje compartido por todos los participantes: Europa necesita avanzar hacia un modelo más coordinado, con mayor capacidad inversora, mejor acceso a financiación en todas las fases y un ecosistema capaz de identificar, acompañar y escalar la innovación, garantizando así su autonomía tecnológica y su competitividad en el escenario global.





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