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WORKSHOP 2 - INVERSIÓN ESTRATÉGICA Y SOBERANÍA

  • mgarcia9626
  • 25 mar
  • 3 Min. de lectura

Expertos institucionales y económicos coinciden en que el reto europeo no es crear más instrumentos, sino hacerlos más ágiles, coordinados y eficaces para escalar la innovación y reforzar la competitividad.



La Mesa 3 del Foro Europeo de Innovación y Emprendimiento analizó el papel de la compra pública innovadora y la regulación habilitadora como herramientas fundamentales para acelerar la transformación tecnológica y maximizar el impacto de las políticas públicas en innovación. Los participantes coincidieron en que Europa cuenta con instrumentos suficientes, pero necesita mejorar su coordinación, simplificar su aplicación y asegurar que realmente faciliten que la innovación llegue al mercado.



El moderador, Víctor Cruz, director de Políticas Públicas y Estrategia en FI Group, abrió el debate señalando que Europa se encuentra en una nueva fase de reflexión sobre sus políticas de innovación. Según explicó, el objetivo ya no debe ser únicamente armonizar normas entre países, sino coordinar mejor los instrumentos existentes y reforzar su eficacia. Destacó que la fragmentación regulatoria y administrativa sigue siendo uno de los principales obstáculos para las empresas, especialmente cuando intentan crecer o operar en varios Estados miembros.



Desde la OCDE, Caroline Paunov, economista senior y responsable del secretariado del Working Party on Innovation and Technology Policy, subrayó que las tecnologías de vanguardia requieren nuevos marcos para poder desarrollarse plenamente. Señaló que la compra pública innovadora puede desempeñar un papel decisivo para crear demanda, reducir riesgos y facilitar la aparición de nuevas industrias, pero insistió en que debe integrarse dentro de un enfoque más amplio que combine regulación adecuada, financiación suficiente y acceso real al mercado. A su juicio, las políticas públicas deben diseñarse pensando en todo el ciclo de innovación, desde la investigación hasta la adopción industrial.



Por su parte, Amanda Gil, subdirectora general de Fomento de la Innovación en el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, puso el foco en la necesidad de mejorar el impacto de los instrumentos existentes. Señaló que Europa no se enfrenta tanto a un problema de falta de inversión como a un reto de resultados, y que es necesario evaluar mejor qué programas funcionan y cuáles deben adaptarse. También destacó la importancia de facilitar el acceso de las pymes a los instrumentos públicos, reduciendo la carga administrativa y asegurando que las ayudas lleguen a quienes realmente pueden transformar la innovación en actividad económica.


Desde el Joint Research Centre de la Comisión Europea, Carlos Torrecilla Salinas advirtió de que el gran desafío europeo no es crear startups, sino conseguir que crezcan y se conviertan en empresas globales. Señaló que la fragmentación del mercado europeo limita el escalado y que avanzar en la unión de mercados de capitales será fundamental para facilitar la inversión y permitir que las empresas innovadoras encuentren financiación suficiente sin tener que salir de Europa. También defendió que las políticas públicas deben orientarse a crear un entorno donde el crecimiento empresarial sea más sencillo y rápido.



Como challenger de la sesión, Antonio Carmona Damians, responsable de Asociaciones y Redes en Inetum, incidió en la importancia de mejorar la usabilidad de los instrumentos públicos. Señaló que un instrumento solo será eficaz si reduce la incertidumbre para las empresas y facilita la inversión, y advirtió de que la complejidad administrativa y los largos plazos de tramitación siguen siendo una barrera importante para la innovación. En su opinión, simplificar procesos, acortar tiempos y dar mayor claridad regulatoria es tan importante como aumentar la financiación disponible.



La mesa concluyó con una idea compartida por todos los participantes: Europa no necesita necesariamente más programas, sino instrumentos más ágiles, mejor coordinados y orientados a resultados, capaces de reducir la fragmentación, generar demanda a través de la compra pública innovadora y facilitar que la innovación se convierta en empresas competitivas y en crecimiento económico.

 
 
 

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